Todos los ciudadanos del mundo
requerimos de identidad, y esta identidad, se plasma en un documento que
atestigua, nuestra nacionalidad, sexo y edad, generándonos un código tal vez único
a nivel mundial, dicho documento refiere en el nivel nacional a la cédula de
identidad y a nivel internacional al pasaporte.
Se han dado pasos importantes a
nivel de políticas de estado, para que absolutamente todos los ciudadanos
bolivianos contemos con nuestra cédula de identidad, valioso documento, el
mismo que nos permite realizar todo tipo de transacciones tanto laborales,
comerciales, así como de ejercicio ciudadano.
No obstante este importante
documento de identidad y carta de ciudadanía, nosotros absolutamente todos los
ciudadanos bolivianos somos víctimas de un asedio de militantes políticos y
partidos políticos, que se han atribuido la tarea de menospreciarnos, y
menospreciar nuestra identidad ciudad y hasta cierto grado discriminarnos,
debido al celo generado por la corrupción politiquera, de unos partidos y
partidarios, unos contra los otros, haciendo que nosotros los ciudadanos,
seamos ingratamente merecedores de ser tipificados como delincuentes, y como
tal somos tratados, incluso más oprobiosamente que el propio delincuente.
Nos toman huellas digitales de
absolutamente todos nuestros dedos, nos sacan fotografía digitalizada, nos
fotocopian nuestra cédula de identidad, todo esto en un largo proceso que dura
más de 15 minutos, si la suerte nos acompaña, porque si no entramos en una
larga espera de inoperancia dactilográfica y de comportamiento, de quien opera
la tecnología esos aparatitos dizque biométricos.
A ojos vistos de todos los
politiqueros, todos los ciudadanos bolivianos somos susceptibles de ser
delincuentes, y a esta inmensa masa de cerca de 6 millones doscientos mil
habitantes mayores de 18 años, nos tienen secuestrados unos pocos miles de
militantes partidarios activos y toda la parafernalia institucional, generada a
partir de esta conculcación de derechos humanos y ciudadanos, obligándonos a
realizar una doble inscripción, supuestamente que garantiza el no dolo, de la
doble inscripción y en consecuencia la no doble votación.
Sin embargo es absolutamente
seguro, que dicho sistema bioparametrizado, es un bleff, mayúsculo, dado que el
proceso de inscripción, cuando uno cambia de domicilio, no recupera de manera
automática los datos anteriores y sobre las mismas, tan solo cambiar la nueva
dirección y recinto electoral, nada de eso, sino que otra vez te sacan las
huellas digitales, como si estos cambiaran también (¿tus huellas cambian?); demostrándose
en evidencia que este sistemita carece de objetividad, eficiencia y propósito con
el fin establecido.
Demostrándose, por lo tanto, que
tan solo se trata de una parafernalia gestada por la politiquería corrupta, que
asume que al igual que ellos (los politiqueros), nosotros los ciudadanos somos
delinquidores y corruptos.
Hasta cuando soportaremos este
abuso, cuando diremos basta a esta especie de norma absurda generada, por la
prepotencia gubernamental y la partidocracia, el problema básicamente se
encuentra en las instituciones, estas deben de dejar dejen de ser administradas
de manera corrupta, y se conviertan en eficientes, administradores de nuestros
datos ciudadanos, solo así volveremos a recuperar nuestra verdadera esencia ciudadana.
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